jueves, 3 de junio de 2010

THOMAS ARMSTRONG: UN IRLANDÉS QUE NO CAVÓ ZANJAS

por:Javier Etcheverry.


Thomas Saint George Armstrong formó parte de la inmigración irlandesa que se asentó en la Argentina durante el siglo XIX y logró convertirse en uno de los empresarios más poderosos de Buenos Aires.

Thomas arribó con sus padres al Río de la Plata en 1817, cuando Gran Bretaña aún no había reconocido formalmente la independencia argentina. Recién en 1824 se instalaría el primer cónsul británico: John Woodbine Parish. Cabe acotar que éste retribuyó la hospitalidad nativa recomendando al gobierno imperial -una vez de regreso en su patria hacia la década de 1830- la ocupación de las Islas Malvinas. Siguiendo con las acotaciones, vale la pena agregar que Frank Parish -un hijo de aquel diplomático- sería también cónsul británico en la Argentina. Recibió tal nombramiento en 1860 (cuando existían 2 estados argentinos: la Confederación liderada por Justo José de Urquiza y el estado de Buenos Aires presidido por Bartolomé Mitre). Previamente, desde 1853, se había desempeñado como vice-cónsul.

Los empresarios británicos para acrecenter su poderío solían contraer matrimonio con mujeres del patriciado local o con hijas de grandes comerciantes norteamericanos o europeos establecidos en la capital del Plata. Así vemos que Armstrong contrajo enlace en 1829 con una rica heredera española.

Armstrong (literalmente "brazo fuerte") fue socio de una compañía de seguros, propietario de un saladero, accionista del primer ferrocarril local (el Ferrocarril del Oeste) y del Ferrocarril Buenos Aires-Ensenada, propulsor del Ferrocarril del Sur, terrateniente en el sur de Santa Fe (por sus tierras pasaría el Ferrocarril Central Argentino y en ellas se fundarían poblados como los de Armstrong y Las Parejas), principal accionista del Banco de Buenos Aires y uno de los fundadores de la Bolsa de Valores.

La Sociedad de Residentes Extranjeros

En mayo de 1841 un grupo de empresarios británicos y norteamericanos reunidos en el Hotel Beech de Buenos Aires -bajo la presidencia del cónsul norteamericano Amory Edwards- fundaron una especie de club social: la Sociedad de Residentes Extranjeros. Por entonces gobernaba la provincia de Buenos Aires y ejercía su influencia sobre la Confederación Argentina el brigadier Juan Manuel de Rosas. El gobierno de Rosas permitió que funcionara dicha institución pero prohibió que se asociaran hombres de negocios nativos. Las instalaciones de la asociación también sirvieron de base de operaciones a una Bolsa de Valores, en la que sí pudieron participar los nativos del Río de la Plata.

Además de británicos y norteamericanos integraban la citada asociación belgas, franceses, suizos y alemanes. Entre los fundadores de origen británicos figuraban James Barton y Thomas Arsmtrong. El primero participó en la fundación del Banco de Buenos Aires y el segundo era miembro de su directorio, llegando a contar en determinado momento con casi el 50% de su paquete accionario.

Sobre la institución que nos aboca principalmente en este apartado escribe Andrew Grahm Yooll:

"La sociedad fue la predecesora del Club de Extranjeros, el más viejo club social en Sudamerica, renombrado por tener entre sus miembros a los más influyentes comerciantes de la ciudad. Desde la sociedad, sus miembros decidían el régimen de vida y negocios, así como el calendario social y deportivo de Buenos Aires." (La colonia olvidada. Tres siglos de presencia británica en la Argentina, 2000, p.123)

Es decir, desde esa institución se gobernaba en buena medida al país y, por ende, se efectuaba el reparto de la riqueza nacional. Logias masónicas, clubes y alianzas matrimoniales eran instrumentos privilegiados para el ejercicio del poder.

De esta entidad madre nació una fraternidad de corredores de Bolsa, es decir, de grandes especuladores y chupasangres, durante la década de 1850. Jactándose del poder que detentaban denominaron al grupo "El Camoatí". Tal es el nombre de "una avispa sudamericana de feroz aguijón", aclara Graham Yooll.

Para no desentonar, los corredores de Bolsa también se abocaron a organizar otras carreras: las de caballos. Fundaron en 1849 la Foreign Amateur Race Sporting Society, antecesora del Jockey Club argentino