martes, 8 de noviembre de 2022

LOS BOLICHES

 



La década del 70 trajo consigo a los reductos nocturnos, donde hicieron su debut muchos de los que después serían nombres fundamentales de la llamada "trova rosarina" y otros que —como Enrique Llopis— también constituyen fenómenos notorios en el panorama de la música de Rosario. En los años iniciales de la década. Corchos & Corcheas, de Juan Picolini y Oscar Costa, un gran sótano en Mitre al 700,frente a la actual Fundación Astengo (antes el cine Odeón),fue el local por definición. Allí actuaron todos los músicos de Rosario, de cualquier género, se concretaron recitales y funciones de teatro, se estrenó La Forestal, por el grupo "Canto libre", de José Luis Bollea, y se dio albergue a toda una generación que buscaba su vehículo de expresión.

Similares expectativas generaron La Luna, de Daniel Tenembaum,en la misma cuadra pero en una planta alta, donde actuara, vaso de whisky en mano, el mismísimo Vinicius de Moraes, y La Semifusa y El Café de la Flor, donde también encontraron público adicto los músicos de la ciudad. Los Caños, en Laprida abajo, del Negro Guillermo Peralta, se constituyó en un reducto para el folklore de proyección (Los Trovadores, Isella, entre otros), el tango y la música urbana entonces incipiente.

Cada uno con su particular clima definitorio, aquellos boliches, como en un tango discepoliano, mezclaron angustias, esperanzas, proyectos, alegrías y la pasión de toda una generación, a la que le tocó ser protagonista de los años más duros del país, culminados en el golpe de marzo de 1976.

Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario, Historia de aquí a la vuelta”. Fascículo N.º 17. Autor: Horacio Vargas. Diciembre 1991